Más de Roth

Me piden más información sobre Philip Roth. Estas son otras reseñas que preparé para algunas de sus novelas:

Goobbye, Columbus

Por primera vez se publica en España el primer libro de Roth, una colección de seis relatos que le valieron su primer National Book Award en 1959.

El primero, una novelita de 170 páginas en realidad, narra el idilio de dos jóvenes, tan pasajero como la estación veraniega en que se desarrolla. La intensidad de atracción-repulsión de los amores juveniles, los prejuicios de clase y el peso de la familia dan al traste con algo que parecía para siempre. En el segundo, un niño amenaza con tirarse del tejado de su escuela por cuestiones de religión. El tercero habla de la guerra, la solidaridad y el chantaje emocional. Los demás abordan otros aspectos de esos mismos temas, Dios, la familia y el amor. Tratándose de Roth hablamos siempre de religión judía, familias judías y amor entre judíos.

Son sus primeras reflexiones sobre la dificultad de ser judío, que desarrollará ampliamente en sus novelas posteriores. Es claro que el autor necesita más páginas para desarrollar sus historias y aquí se echan de menos sus bien trabadas historias y sus célebres intensos climax. La visión utilitarista e inaplazable del deseo sexual es la habitual en este autor. Además,  puede ser su libro más directamente corrosivo contra la religión, una realidad que evidentemente Roth no comprende pero que, por lo que sea, le hace sentir molesto. Sin salirse esencialmente de su tono habitual de nihilismo irreverente y cínico, su juventud mitiga la ironía en estos relatos, notablemente menos ásperos que novelas posteriores.

Un libro sólo para los muy interesados en constatar que Roth ha sido siempre fiel a sus obsesiones primeras y que ya escribía como un maestro desde sus primeras manifestaciones.

Ed. Seix Barral. Barcelona, 2007. 365 págs. 19,50 €. t.o: Goodbye, Columbus. Traducción: Ramón Buenaventura

Junio de 2007


Elegía

Un Roth septuagenario reflexiona cosas ante la muerte de su amigo Saul Bellow (1915-2005). Su universo narrativo es el de siempre: judíos (laicistas), Nueva York (Newark), el mundo creativo (la publicidad esta vez), vidas familiares turbulentas (siempre el sexo), relaciones padres-hijos, dolor y enfermedad. Eros y Tanatos. El ingrediente novedoso es la ausencia de encuadre-análisis de un hecho histórico norteamericano del S.XX. Las cuatrocientas páginas que suele dedicar a cada novela quedan así reducidas a un tercio, lo esencial para transmitirnos la preocupación que ahora quiere indagar: el sentimiento ante la muerte.

Pronto se sabe como acaba esta historia porque la novela empieza con el entierro del protagonista. Su hermano y una hija de segundo matrimonio (de tres) hacen el elogio fúnebre y nos lo presentan. El resto de la novela recorre su vida y nos muestra a un hombre que pasa por el quirófano con una frecuencia preocupante y que, segundo rasgo, pierde lo papeles cuando una falda se le cruza por delante. La pasión todo lo justifica y un endeble “derecho a la felicidad” disculpa cualquier infidelidad. La novela incluye dos secuencias lúbricas de mal gusto.

Desde muy joven es consciente de que un día todo va a terminar, y su biografía se concentra en la pelea por retrasar ese momento. Su contradictoria idea de la familia (depende terriblemente de ellos a la vez que malvende sus compromisos con una facilidad pasmosa) le acarrea profundos disgustos. Sin ser un hombre malo resulta un patético ejemplo del resultado de una vida abandonada al peligroso juego de las emociones, pasiones, odios y envidias. Cuando se ha vivido con un bagaje moral paupérrimo, y eludir la muerte se convierte en el asunto central, la espera del final cobra tan poco sentido como lo que se ha vivido.

El materialismo asfixiante que niega toda trascendencia reduce la felicidad a un simplón vitalismo, más pobre aún si es sólo de índole sexual: la degradación física y amatoria, inevitables, desembocan en un callejón sin salida. Lástima de una potencia creadora como la de Roth puesta otra vez al servicio de una visión del hombre degradante y deprimente.

Elegía es sin duda una obra menor en la producción de Roth. Está naturalmente bien escrita pues es un libro suyo, pero esta vez ni siquiera su calidad de narrador se sobrepone al pobre tono moral del relato.

Ed. Mondadori. Barcelona, 2006. 150 pgs. 15,50 €. t.o: Everyman. traducción: Jordi Fibla

diciembre de 2006


Deudas y dolores

Los lectores de Roth estamos de enhorabuena. Mondadori, Seix Barral y Alfagüara están editando y recuperando en España todas sus obras. Ahora es el turno, por primera vez en castellano, de su primera (y más larga) novela, publicada en 1961.

Los protagonistas son Gabe, Paul, Libby, mujer de Paul, y Martha, divorciada con dos hijos. En esta primera novela ya están presentes todos los asuntos que interesan al escritor norteamericano: amor y sexualidad (atracción de Gabe y Libby, relación de Gabe y Martha, complejo equilibrio entre Paul y Libby; matrimonio sin sexualidad, sexualidad sin matrimonio, casarse o no –mejor lo segundo, según Roth-, etc), padres e hijos (deudas y dolores, posesiones y abandonos, padres viudos y vueltos a casar –el de Gabe-, padres que rompen con sus hijos –los de Paul-, padres que abortan y adoptan –Libby-, madres que pierden a sus hijos –Martha-, etc), religión (todos son judíos no practicantes salvo los padres de Paul), entorno universitario (Paul y Gabe son profesores de literatura) y USA (esta vez, Chicago años 50).

Es sorprendente apreciar ya en una primera novela la madurez narrativa presente en Pastoral americana o en Elegía, por mencionar su novela más famosa, de hace unos años, y la última. Roth ha ido sin duda ganando en contención, en perfilar más las historias, en concentrar hechos y personajes. Así, Deudas y dolores resulta todavía un tanto dispersa, con focos de atención demasiado repartidos y cierta prolijidad. Pero es el mismo Roth de siempre con sus obsesiones y habilidades, el escritor grave y profundo preocupado por cómo resolver (sin lograrlo) qué hacemos en nuestra vida con Dios y con los demás, sus familiares escenas y climax de alta intensidad y sus diálogos magníficos.

Todavía no se ha topado con sus célebres personajes devorados por una hipersexualidad, pero aquí ya aparecen algunos con un problema más dañino: un individualismo atroz (tipo “nadie debe nada a nadie”) que convierte todo consejo en intromisión y todo interés en condescendencia, haciendo imposible el diálogo y la solidaridad ahogados en susceptibilidad y egoísmo. Esto convierte en un infierno las relaciones, especialmente las familiares, y lleva al pesimismo de pensar que “estamos en el mundo para aguantar”. Gabe se siente culpable de no tener problemas y quiere ayudar de modo compulsivo a los demás. Al final, tras estrellarse en casi todos sus intentos de convivir, comprender y ayudar, sigue sin saber qué hacer consigo mismo, salvo disfrutar y darse la gran vida si se presenta la ocasión. Otros personajes futuros de Roth llevarán tristemente más lejos esta misma conclusión.

Roth resulta, como siempre, interesante, pero nada más. Tanta regularidad de páginas brillantes, y la seriedad y profundidad con que aborda las situaciones, reducen la mayoría de las otras novelas que leemos a simples trabajos escolares. Lástima que se equivoque casi siempre en los grandes temas. Si ofreciera una visión de la vida más certera y estimulante, más verdadera, sería verdaderamente un gran escritor.

Ed. Mondadori. Barcelona, 2007. 728 págs. 24,50 €. t. o: Letting Go. traducción: Jordi Fibla

abril de 2007


La conjura contra América

El novelista como demiurgo hacedor puede también reinventar la historia. ”Qué podría haber ocurrido si…” y fantasear. Eso hace Roth en su nueva novela estirando al límite lo imaginable, pues nada como el nazismo encaja menos con América, la patria de la libertad y la democracia. El asunto de la novela es qué hubiera ocurrido si en 1940 es elegido como Presidente del país Charles A. Lindbergh, héroe de la aviación y simpatizante de Hitler. Estados Unidos no participa en la Segunda Guerra Mundial y los judíos de ese país comienzan a ser hostigados y amenazados en su seguridad.

En ese encuadre, el gran tema de fondo es la irrupción de la historia en lo individual y cómo el hombre es capaz de luchar contra lo implacable imprevisto. Para desarrollarlo, examina particularmente los efectos de la nueva hipotética situación del país en una familia judía de clase media, con dos hijos.

Dos importantes decisiones narrativas. Esa familia es la suya propia, la de Roth. Así, los terrenos de la ucronía (historia-ficción) se cruzan con los de la memoria. A esto se añade que el narrador es el hijo menor (el propio Philip Roth), quien desde el futuro de lo sucedido narra en primera persona lo que percibía su mente juvenil, añadiendo la comprensión global de los hechos que sólo adquiriría más tarde.

Un posible episodio antisemita (como si no bastaran los que en realidad ocurrieron), un ejercicio memorialístico en torno a la familia y un relato de formación y paso a la vida adulta. Estos son los ejes de esta nueva vibrante novela de Roth, de mayor interés que las dos últimas (La mancha humana y El animal moribundo) y casi tan buena como Me casé con un comunista y Pastoral americana, por centrarnos en su más reciente producción.

El revuelo –el miedo-  que comienza a sufrir la comunidad judía es narrado con todo tipo de detalles. Roth aborda un macroconflicto a gran escala y necesita muchas ramificaciones para desarrollarlo. Hay multitud de personajes, entre los que destacan un periodista, furibundo denunciante de la nueva administración, y un rabino bienintencionado pero colaboracionista; hay abundancia de lugares, organizaciones, hechos y discursos. Todo este material detalla el trasfondo social y político de la fabulación. Por momentos resulta árido y demasiado enunciativo, pues desde el principio se sabe lo esencial y eso evoluciona poco. Aunque, en general, logra llevar las riendas de la avalancha de datos, el frasco se rompe en la primera página y todo es ver cómo se extiende la mancha. Este aspecto de la novela sólo se recupera favorablemente al final (dos años y medio después del comienzo de los hechos narrados) cuando se nos ofrece un desenlace sorprendente e imaginativo, en cierto sentido abierto y benévolo.

Más interesante resulta cómo vive el problema la familia Roth. Hermann y Bess son un matrimonio unido y de una aplastante sensatez, él un luchador insobornable y ella –admirable y solidaria- el centro de fuerza de toda la familia. Todos, especialmente un sobrino, una cuñada y el propio hijo mayor, sufren directamente el efecto Lindbergh y esto les hará crecer como individuos y como familia. El relato de estos hechos ofrece los mejores momentos de la novela, algunos de gran intensidad cómo sólo saben deparar los grandes escritores. El pequeño Phil, aprensivo y sensible,  asiste al final de su infancia cuando descubre que las cosas no siempre permanecen como eran (y nos gustaban) y que no todos, ni siquiera los que más queremos, ni siquiera en los temas importantes, piensan igual.

A estas alturas poco nuevo se puede decir de Roth (New Yersey, 1933) uno de los grandes de la narrativa norteamericana. Escribe con un estilo contundente, sumamente eficaz cuando quiere convencer, muy apropiado a su talante de escritor serio que trata asuntos graves desde su posición de intelectual vigilante.  Es de maestros lograr una verosimilitud total en una historia tan fantasiosa como esta. Domina lo que quiere contar y crea muy buenos personajes. La estructura es intensa y clara, cada capítulo contiene un miniclímax que lo justifica y que a la vez está al servicio del avance de la trama en su conjunto. El despliegue mediático apabullante que acompaña en España la aparición de esta novela queda justificado por la calidad de ésta. No siempre es así.

Al final, queda la impresión de que, en el fondo, Roth piensa que América nunca hubiera dejado que algo así ocurriera, que la denuncia del peligro de la tentación fascista ha sido sólo la excusa para darnos los retratos llenos de vigor de unos espléndidos personajes y una revitalizante visión de la familia.

Ed. Mondadori. Barcelona, 2005. 432 págs. 21 €. t. o:  The Plot against America. Traductor: Jordi Fibla

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