Philip Roth

En el año 2001 empezó mi idilio con Philip Roth. Me enviaron para reseña Me casé con un comunista y el libro me cautivó. Desde ahí he ido reseñando todos los posteriores que se han publicado en España (nuevos y recuperaciones) y he leído casi todos los anteriores.

Es un judío norteamericano de 74 años cuyo nombre aparece cada año en las listas de Nóbel (no lo confundan con el otro norteamericano, ya fallecido, Henry Roth, ni con el austriaco Joseph Roth). Es en general idolatrado por bastantes escritores, cosa poco frecuente en un gremio de envidiosos.

Como todos los idilios, tenemos nuestras peleas y entusiasmos. Me encantan sus historias, su fuerza, los clímax que logra, los personajes, los diálogos, su ironía, su independencia. Me desconcierta su interpretación obtusa de la religión y su obsesión con el sexo.

Siempre recomiendo Pastoral americana, donde está lo mejor de sus posibilidades y tics se muestran más equilibrados.

Les dejo algunos comentarios que hice a sus libros más recientes:

Me casé con un comunista

Philip Roth (New Yersey, 1933) pertenece a la generación urbana de escritores norteamericanos judíos que empiezan a producir a partir de la segunda guerra mundial, en la que se incluyen nombres prestigiosos como los de Saul Bellow, Henry Roth, Isaac Bashevis y Bernard Malamud. Ha escrito una veintena de novelas, ha ganado todos los premios posibles en su país (alguno de ellos varias veces) y está considerado uno de los grandes de la novelística estadounidense del S. XX.

Roth responde al perfil de escritor intelectual que viene al mundo a cumplir una misión, en su caso la de diseccionar lúcida y despiadadamente el sueño americano, removiendo una y otra vez, agresivo y polémico,  las tranquilas aguas de la autocomplacencia liberal. Iconoclasta de las instituciones, apoya su instinto imaginativo en  temas cercanos a la realidad norteamericana, enmarcados generalmente en episodios históricos reales. Sus personajes suelen ser judíos y le interesa, ante todo, desentrañar conflictos familiares. Adopta siempre una perspectiva irónica y cómica que compiten con una amarga visión pesimista de las posibilidades del hombre. El impulso sexual es, para Roth, clave en la motivación humana, y no pierde ocasión para hacerlo ver en sus novelas.

Me casé con un comunista fue publicada en Estados Unidos en 1998 y se traduce ahora al español. Cuenta la persecución política por parte de Comité de Actividades Antiamericanas de McCarthy que sufre un locutor de radio por unas ideas políticas que, además, contribuyen al fracaso de su vida familiar. La novela se construye como un diálogo entre el hermano mayor del protagonista y el narrador Zuckermann, escritor que ya ha aparecido en varias novelas de Roth.

Se trata sin duda de una novela de ideas, más a propósito para la reflexión que para el entretenimiento, con pocos personajes pero bien explotados y sin la fuerte carga erótica habitual en sus producciones. Roth es brillante, inteligente y despiadado, prolijo en su modo de decir y poseedor de una prosa de innegable calidad. Se entresacan interesantes ideas positivas de fondo a favor de la dignidad del individuo y de la libertad o la presentación de los dramas del divorcio y el aborto. Desenmascara crudamente los contrasentidos de un supuesto paraíso de libertad (USA) que no tolera otras ideas que las oficiales. El personaje despierta admiración por su valentía y sinceridad, por su capacidad para la utopía y la amistad; por otro, ofrece un lamentable ejemplo de nula resistencia a las circunstancias e incapacidad para resistir a sus más bajas pulsiones, esta vez, brevemente referidas.

Una buena oportunidad para conocer a un escritor importante con cosas que decir que, por fin, nos evita lo más animal de su visión del hombre.

Ed. Alfaguara. Madrid, 2000. 463 págs. 2950 pts. T.o: I married a communist

Abril 2001


El animal moribundo

Un verso de Yeats sirve de título a esta novela que parece una secuela de La mancha humana: aparece sólo un año después, se desarrolla en la mitad de páginas que todas las novelas anteriores de Roth, repite la historia de relación sentimental entre profesor universitario maduro y chica mucho más joven que él y, sobre todo,  insiste en la indagación (mucho más explícita) de la sexualidad humana.

David, personaje de Roth conocido de anteriores novelas, se suma al carro del desmadre y desinhibición sexual de los 60, rompe su matrimonio y se dedica desde entonces a coleccionar alumnas. Al final de su vida evoca algunas de estas relaciones deteniéndose en una en especial.

“Es indiferente cómo te comportes mientras tu conducta sea lícita” (léase, legal), resume en algún momento. Las consecuencias de este planteamiento vital son devastadoras. David  razona y parece que lo advierte, pero no ha querido salir de ahí y ha vivido conscientemente al dictado de sus pasiones y el resultado es que hace balance al final de su vida y se descubre infeliz, con una familia destrozada, con un reguero de amantes (“quien forma un vínculo está perdido”, dice en otra ocasión) que lo ha mantenido en un permanente exilio de la condición humana. Roth puede pretender conducir hacia estas conclusiones aunque no las define, en coherencia con su consolidado relativismo moral.

La novela gira sobre dos elementos: la descripción casi pornográfica de una de sus aventuras y una reflexión sobre la sexualidad, y de paso sobre la libertad, a partir de lo que supuso la revolución sexual de los 60. Tangencialmente se abordan otras cuestiones como la vejez, los celos y la posesividad.

El animal moribundo no alcanza la calidad literaria de otras novelas de Roth, aunque está tan bien escrita como casi todo lo suyo, y ofrece una imagen del hombre desoladora y patética.

El lector que quiera encontrarse con el mejor Roth deberá acudir a su excelente trilogía anterior: “Pastoral americana”, “Me casé con un comunista” y “La mancha humana”. Ahí está en toda su lucidez, potencia narradora y profundidad, con su desmitificador sentido crítico hacia la sociedad norteamericana, amargo pero lleno de humor, y dejando descansar (momentáneamente, como se ve) su infatigable obsesión por el instinto sexual.

Ed. Alfaguara. Madrid, 2002. 176 págs, 17,50 Euros Traductor: Jordi Fibla

diciembre 2002

Patrimonio

Los profesionales de la escritura se enfrentan como las demás personas a la tragedia que puede llegar a ser la muerte de un familiar cercano. La diferencia estriba en que saben cómo contar lo que les pasa y en que del mismo proceso creativo extraen ayuda para sobrellevar y no olvidar lo que viven. Gracias a esto nos han llegado libros hermosos y sinceros como son Señora de rojo sobre fondo gris (Delibes y la muerte de su esposa), Mortal y rosa (Umbral y la muerte de su hijo) o Paula (Allende y la muerte de una hija).

Philip Roth vivió a finales de los 80 un intenso año y medio acompañando a su padre en sus últimos días y en 1991 publicó el libro que nos llega ahora, subtitulado Una historia verdadera, con el que Seix Barral inicia su Biblioteca Philip Roth.

La muerte es una universal experiencia y una excelente piedra de toque para determinar la valía moral de las personas. Cualquier relato autobiográfico que cuente cómo se ha asistido a esta experiencia cuenta, de entrada, con la simpatía y comprensión del lector. Si, además, hay elementos ejemplares en cómo se fallece o se asiste, el valor añadido de la lectura crece.

Patrimonio es un buen libro, como casi todos los de Roth. Hay elementos destacados e imitables como son la figura materna, de una generosidad conmovedora, la fortaleza y ternura del hijo o la actitud luchadora del padre que hasta en la agonía final pelea “cada bocanada de aire”. Junto a esto hay una visión poco optimista de la vejez y de la enfermedad, se hace demasiado hincapié en la carga de frustración y vergüenza y subyace implícitamente una visión de la religión más relacionada con la muerte que con la vida, como reservada para los últimos momentos. El escritor se pregunta cual es el límite de dolor que una persona puede soportar en la tierra y por qué y no tiene respuestas.

El desarrollo al pormenor de la enfermedad del padre, con algunas páginas intensas de despiadado realismo, va dando paso poco a poco al descubrimiento de matices en la personalidad y en la propia relación que hasta entonces no estaban tan claros. La situación va estimulando unos sentimientos en padre e hijo que el escritor no desea olvidar y por eso los escribe.

“Peleaban porque lo suyo era pelear y peleaban porque eran judíos”. Así titula Roth el sexto y último capítulo de estas memorias, que de algún modo resume el talante que ha querido destacar en este camuflado homenaje a su padre, un hombre duro, obstinado y luchador que supo afrontar de cara también su último reto, el de su muerte.

Ed. Seix Barral. Barcelona, 2003. t.o: Patrimony. Traductor: Ramón Buenaventura. 23 euros. 237 págs

Diciembre 2003

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