Marías, Tu rostro mañana

Estos son los comentarios que fui haciendo a las tres partes de Tu rostro mañana, última novela de Javier Marías. Como explico en la reseña a la tercera parte, recién editada, no creo que sea el mejor acercamiento a este autor.



Tu rostro mañana 1. Fiebre y lanza

Ed. Alfaguara. Madrid, 2002.
480 págs. 19,50 euros.

Primera parte de la décima novela del escritor madrileño (contando que lo sean “El monarca del tiempo” y “Negra espalda del tiempo”), un título nominal y enigmático para un texto sobre la comunicación, la incertidumbre y el presentimiento.La importancia de la palabra: una cosa no acaba de existir hasta que se la nombra; lo que nos afecta no es lo que pasa (o lo que no pasa) sino su relato, el que sea, o no, contado. Contar, oír, callar. En lo posible: muchas cosas nos afectan y no son contables porque no las conocemos; con otras no debemos hacerlo para no traicionar el secreto, pueden llegar a oídos inoportunos; otras están amenazadas por la censura.

Las personas, por lo general, prefieren no saber, vivir como necios (de nescius, el que no conoce lo que podría conocer), conformarse con una visión superficial de la realidad y de los demás que conduce a un estado de extrañamiento, desorientación e incertidumbre. Hay sorpresas que podríamos evitar.Algunos tienen el don de llegar al fondo de las cosas y de las personas, están dispuestos a ver, son capaces de anticipar, presentir. Esa presciencia, conocimiento de las cosas futuras –presentimientos, corazonadas- se alcanza después de estar dispuestos a atravesar varias capas.

Son algunas de las claves de esta novela. Hay en “Fiebre y lanza” historias de guerra y muerte y, sobre ese cañamazo, una vez más los temas que conforman el relativismo escéptico de Marías: la palabra y el conocimiento de la realidad, la delación y el secreto, el azar y la tiranía del tiempo. Lo nuevo en “Tu rostro mañana” es la cuestión del presentimiento como vía de conocimiento de los demás.El texto es sobre todo reflexión y digresión sobre estas cuestiones. Como otras veces, los personajes parecen ser sólo vehículos que transmiten las obsesiones intelectuales del autor, y nunca del todo sujetos de las consecuencias de esas inquietudes. Otra vez, Marías es más escritor de tipos que de personajes. Instrumentalización, por otra parte, perfectamente legítima.

La trama principal de la novela es breve e incompleta, a falta de una anunciada segunda parte. Se cuenta en primera persona desde el momento actual, en modo de diálogos y recuerdos del protagonista durante un fin de semana.  Jacques Deza (narrador en “Todas las almas”) vuelve a Londres y es reclutado para formar parte de un grupo que trabaja para el Servicio de Inteligencia, formado por cinco personas con el don de conocer a fondo a los demás, son intérpretes de vidas, traductores de personas, anticipadores de historias. El análisis de gestos, argumentos, reacciones, y tonos de voz, a través de entrevistas y vídeos, les lleva a predecir qué harán los demás en el futuro con independencia de las circunstancias. Todos los individuos llevan sus probabilidades en el interior, sólo hay que saber verlas y descubrir hoy sus rostros de mañana, quienes nos serán leales y quienes nos traicionarán. Las personas nos dan sobre ellas mismas más datos de los que solemos procesar quizás, según Marías, por falta de atrevimiento.El estilo, a estas alturas ya muy hecho, fluye con la naturalidad y elegancia que le han distinguido hasta ahora, culto y preciso. Registro no coloquial y abundancia de frases subordinadas, pero se aprecia un esfuerzo en aligerar la dificultad que en otras novelas han podido suponer su recurso al párrafo largo y denso y el uso de un léxico excesivamente cultista.

Otros elementos ya conocidos en el autor: la introducción de claves, ecos y motivos recurrentes que se repiten a lo largo de todo el libro, la presencia de personajes y situaciones que ya han aparecido en otras de sus obras, la sombra explícita de Shakespeare o la figura del mirón de vidas ajenas por ventana interpuesta.Las cuestiones que se plantea Marías son interesantes y, aunque complejas, están bien explicadas, sobre todo para quien esté familiarizado con sus novelas anteriores. En sus divagaciones hay penetración psicológica y agudeza sociológica, habla de cosas que nos pasan, en las que el lector se reconoce. Su relato de la formación y desempeño de ese original grupo de trabajo capta sin duda la atención del lector, como lo logran asimismo las breves historias que intercalan y enriquecen la trama principal; la prolijidad y multiplicación de enredos laterales no impiden que la fábula, por entero rendida a la indagación intelectual, se siga con gusto y tensión. Ahora bien, y sin olvidar que se espera una segunda parte, el texto no termina de redondearse como novela. Tampoco es que eso sea en modo alguno necesario, y desde luego no es algo que sorprenda al lector reincidente en Marías, quien siempre se ha manifestado muy libre frente a las convenciones de género.

Novela ambiciosa, rica y lograda, brillante y absorvente, difícil de resumir, con suficientes elementos narrativos remitentes a la segunda parte. Se agradece la cortesía del autor de evitarnos un volumen de 900 páginas. En un año, el final.

Noviembre, 2002.

 

Tu rostro mañana 2. Baile y sueño
Ed. Alfaguara. Madrid 2004.
410 págs. 19,95 euros.

Jaime o Jack o Jacobo o Santiago Deza sigue en Londres integrado en un singular grupo de expertos, cinco, con un don de presciencia que les permite interpretar a personas, traducir sus vidas, prever o anticipar su actuación futura. Cada individuo lleva sus probabilidades en sus venas y sólo es cuestión “de tiempo, de tentaciones y de circunstancias que por fin las conduzcan a su cumplimiento”.Hasta aquí lo que ya se conocía en el primer volumen, Fiebre y lanza. Ahora se nos cuentan dos hechos: Jaime recibe la visita de una compañera del grupo que le pide que no sea perjudique a una persona que será “evaluada” en pocos días; Jaime acompaña a Tupra, jefe del grupo, a una cena con un matrimonio, mientras Tupra se entrevista con él, Deza deberá ocuparse de entretenerla a ella. La irrupción en esa cena de De la Garza, un miembro de la embajada española en Londres, a quien ya conocíamos (y detestábamos) no será bien recibida.

No parece mucho para 400 páginas, menos cuando no llegamos a conocer el motivo ni el sujeto de la primera petición, sólo que el favor se llevó a cabo, ni tampoco quien es el italiano, ni de qué se trató en la cena, ni qué originó el susto (¿excesivo?) que mereció De la Garza.  Esta explicación puede resultar desanimante en lo que se refiere a sustancia narrativa, pero hace ya muchos libros que Marías reclama una lectura de conjunto, porque puede que nunca hay salido de la misma historia. En Marías domina el discurso, su acción es la del pensamiento, su narración es modernista, lenta, especulativa, espesa. Los personajes se mezclan y se invocan y convocan de unas novelas a otras, como lo hacen los hechos y los recuerdos, lo contado y lo sucedido; el pensamiento va fluyendo de la palabra y un diálogo de tres réplicas se narra el seis páginas porque se cruzan un recuerdo, una disquisición o el análisis de un gesto. Si debemos o no pedir o hacer favores o cómo nos afecta lo que nos es contado son el tipo de cuestiones en las que se enreda Marías-Deza, fiel siempre a su combate particular y apasionado contra la violencia (hay dos tremendos episodios narrados de modo nada intelectual), la delación, el miedo o, esta vez,  la antinatural lucha contra el envejecimiento del cuerpo.Su estilo sigue afilado y a punto, maestro en las posibilidades expresivas de la puntuación, del párrafo largo, de la cadena de adjetivos que apuran una descripción (su característico empleo de la conjunción “o” enlazando sinónimos). Prosa meándrica y culta, llena de frases encabalgadas. Esta vez no es siempre así y puede deberse a la propia naturaleza contaminante de lo narrado. De la Garza es un personaje de una memez inaguantable, pueblerino e incivil, caricatura de mucho de lo que Marías –me temo- piensa de su propio país. En Fiebre y lanza aparecía de modo piadosamente breve en una fiesta y ahora buena parte de la novela gira en torno a él: quizás esto explica que el tono intelectual propio del escritor (y, consecuentemente, su estilo) decaiga en momentos hacia lo paródico, haciéndonos recordar a veces las novelas malas de Mendoza. Podemos atribuir este aflojamiento al decoro literario que exige que la forma se adecúe al asunto, pero no deja de lastrar considerablemente lo que se espera de nuestro escritor. El contenido (y el estilo) levanta el vuelo en el último cuarto del libro cuando se relatan recuerdos de la guerra civil española del padre de Deza.

En Tu rostro mañana hay sobre todo un tema, si es posible saber a qué atenernos con los demás. Por lo que vamos viendo, la visión de Marías de las posibilidades de este tipo de conocimiento son poco optimistas. Habrá que esperar a la tercera parte, y última previsiblemente, para valorar en conjunto esta novela en marcha, en la esperanza de que recupere la altura y originales posibilidades narrativas que prometía Fiebre y lanza. Para quien no haya leído aún la primera parte, es recomendable esperar y leer el conjunto, pues hay referencias ya en esta segunda a diálogos y personajes que conviene tener frescos. En Baile y sueño no tenemos al mejor Marías, así y todo está por encima de la mayoría de las cosas que se publican en nuestro país.

Noviembre 2004


Tu rostro mañana 3. Veneno y sombra y adiós

Ed. Alfaguara. Madrid, 2007.
705 págs. 22,50 €.

Jaime Deza continúa en Londres trabajando para el grupo secreto que lidera Bertram Tupra. Como recordamos de las dos primeras partes (2002 y 2004) de Tu rostro mañana, Tupra ha reunido a algunas personas con el don de interpretar palabras, hechos y gestos, de “traducir” seres humanos, de anticipar futuros. “Es sólo cuestión de tiempo, de tentaciones y circunstancias que se lleven a cabo” las probabilidades que cada ser humano lleva en sus venas. En esta tercera parte sabemos que no sólo el estado británico se beneficia de estos reveladores informes, sino que también lo hacen particulares. Deza descubrirá las consecuencias que pueden tener sus evaluaciones y tendrá que decidir si está dispuesto a vivir con eso.La acción es mínima: en Londres, apenas una conversación (y algo más) con Patricia, compañera del grupo (por fin sabemos en qué acaba la petición narrada en la segunda parte), otra con Tupra (con desagradables vídeos-chantaje de por medio) y una más con su mentor Wheeler (una subtrama de espionaje y suicidio); en Madrid, charlas con su padre y expeditivo desembarco en una relación que mantiene su mujer, de la que está separado. Un reportero contaría todo en una columna, pero esto no es periodismo sino literatura, y Marías necesita 700 páginas. Esta vez abusa un poco de la magia de su estilo y de la necesariedad de una lectura que cierra una trilogía.

Esta novela es pura autoficción, no hay lindes entre la imaginación y la experiencia. ¿Es posible saber cómo reaccionará una persona en situación de riesgo, será leal? ¿puede el tipo de muerte hacer recordar a una persona sólo por ella, relegando al olvido cuanto hizo en vida? ¿se puede pedir un favor, se debe? ¿es importante que algo se viva, o lo es más que se cuente? ¿por qué siempre contamos más de lo que se nos pregunta? Egoísmo, verdad y culpa. Son el tipo de digresiones que entusiasman a Marías, los verdaderos temas de la novela por encima del esqueleto argumental. La arquitectura mental –y por tanto narrativa- de Marías se manifiesta en una prosa caprichosa y divagatoria.  El lector se deja arrastrar por su música o desiste, se entrega a sus cadencias, ritmos y meandros o abandona. Puede desesperar al impaciente o hipnotizar a sus fieles. Deza reflexiona y conversa, de vez en cuando actúa. Entre dos réplicas de un diálogo pueden caber dos páginas, y en ellas se comenta un cuadro, se reflexiona sobre la guerra o se nos traslada a otro momento y lugar muy distintos.Se reproducen láminas del Prado, carteles propagandísticos de la guerra civil española, o una foto de la actriz Jayne Mansfield, que da pie a un divertido excurso cómico-picante. Aparecen todos los temas de la novela en marcha que reescribe Marías desde Los dominios del lobo, sus personajes, sus obsesiones (muerte, guerra, delación, tiempo, fantasma, secreto, vivir y narrar, patria, amor), sus tics de traductor, sus dosis de sexualidad y violencia (menos contenidas que en otras de sus obras), su visión poco comprometida, de consumo, del sexo y del matrimonio.

Se cierra un proyecto narrativo de 1.600 páginas en total que ya está siendo valorado como la cumbre de la obra de este escritor y una de las más destacadas de la reciente narrativa española. Sin embargo, el resultado global quizás no compense la inversión total de tiempo que requiere la trilogía. Es interesante la idea inicial de don de presciencia, de estar dispuestos a ver y llegar al fondo; el desarrollo global en cambio parece escaso y el volumen inflado. El mejor Marías está en novelas como Todas las almas, Corazón tan blanco y Negra espada del tiempo (con parentesco muy directo con Tu rostro mañana) y en recopilaciones de ensayos como Literatura y fantasma.

septiembre de 2007

 

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