Javier Marías, 51 años más tenue

A pesar de su juventud, lleva 31 años dedicado a la literatura en los que ha fraguado un curriculum con libros traducidos a 32 lenguas en 44 países, de los que se han vendido más de cuatro millones y medio de ejemplares en todo el mundo y con los que ha obtenido importantes premios dentro y fuera de nuestro país. Y lo más importante, ha alcanzado la madurez del que domina un mundo propio y sabe contarlo con un estilo de elevada calidad literaria. Uno de los grandes novelistas europeos. 

“Sólo si uno es capaz de imaginar lo que ha ocurrido, de repetirlo en la imaginación, verá las historias, y sólo si tiene la paciencia de llevarlas largo tiempo dentro de sí, y de contárselas y recontárselas una y otra vez, será capaz de contarlas bien”. Esta cita de su admirada Isak Dinesen que recoge Marías en “Negra espalda del tiempo” puede aclarar las posibilidades (y límites) de su actitud ante la realidad y la ficción. Intentemos resumir las claves de su universo narrativo y los matices de la voz con que lo cuenta.

Sus temas de fondo

Sus obsesiones se pueden resumir y relacionar apretadamente del siguiente modo: la relación entre realidad y ficción y la mutua contaminación en los dos sentidos que se da en el tiempo determina los diversos grados de verdad y su conocimiento.

De este aglutinamiento derivan los subtemas que alimentan sus tramas y personajes: lo que se sabe y lo que no se sabe, lo que se puede o debe saber y lo que no, lo que es mejor no saber; el secreto; el que hace saber lo que no debería, el delator; si la verdad de algo le viene de que ha ocurrido o de que ha sido pensado (recordado o anticipado o soñado); lo que llama revés o “negra espalda del tiempo”: lo que a la vez es real y ficticio, lo que desaparece o ni siquiera aparece y sin embargo es conocido porque ha llegado a contarse; la presencia de lo fantasmal como recuerdo imperecedero de lo que fue y no puede ser olvidado porque aún es.

De este planteamiento se derivan posibilidades literarias interesantes (como ha demostrado) pero también conclusiones que dificultan la viabilidad y hacen cuando menos caprichoso cualquier intento de indagación en el misterio del hombre y de la realidad: si en el fondo da igual que algo sea o no y la clave está en que sea o no conocido o pensado (o contado), es como admitir que la verdad es una entelequia: “Nada sabemos, y gracias a ello y a no averiguar nos es dado conjeturar, incluso decidir, lo que fue Louvet” leemos en un relato de “El monarca del tiempo”. La modernidad lo resume en un sencillo corolario: la realidad es vacilante y el conocimiento de lo real engañoso. Presentimiento, persuasión, sospecha y azar pasan a ser instancias creadoras de verdad, de realidad, y esto es difícilmente aceptable fuera del campo de la verdad o verosimilitud estrictamente literaria.

A Marías le interesan asuntos como la muerte, lenta difuminación que desemboca en el final de la vida y aun más allá, y el viaje –metáfora de la condición humana- por placer, necesidad o aburrimiento. No le interesan tanto, tampoco el amor, como realidades en sí, si no antes lo que sentimos y pensamos ante ellas cuando los contemplamos de antemano o a posteriori.

Este es el fondo de la obra de Marías, del que viven al menos sus ficciones, lo que le interesa y aborda una y otra vez.

Su estilo

En “Si yo amaneciera otra vez” reconoce el magisterio estilista de Faulkner en su obra. Admira en este autor sus textos densos y de largo aliento, sus frases torrenciales llenas de misterio y ambigüedad y sus párrafos inacabables que cuando respiran bien son, para Marías, la máxima expresión de la prosa narrativa. Digno heredero, Marías se mueve con pasmosa naturalidad en el terreno difícil del periodo largo (comas donde, quizás, debería haber puntos), y ya desde sus primeras novelas. Densidad y tempo lento, riqueza de matices y agotamiento de detalles (ahí la sombra de Nabokov, otro de sus admirados maestros), sucesión de paréntesis y  acumulaciones, castellano exquisito, cultivado y pulcro, prosa de alta riqueza expresiva pero que requiere atención y cuidado, exigidos también por el exquisito empleo del léxico. Algunos han hablado de afectación, preciosismo, carencia de naturalidad, artificiosidad: esto es así cuando el estilo se convierte en fin en si alejado del mensaje o cuando dificulta la comprensión, cosas que salva con su sorprendente facilidad.

Su facilidad y talento le permiten frecuentar la cuerda floja, se atreve con quiebros sintácticos que sólo en ese párrafo tienen sentido. Tiene oído, sentido del ritmo, musicalidad, como una versión española de Henry James con sus vueltas y revueltas. Largas parrafadas discursivas sin apenas diálogos, de los circunloquios y frases de doble significado,  repetición, acumulaciones, aclaraciones, paréntesis. Cuando no escribe novelas aligera la morosidad de su estilo, la prosa se vuelve menos espaciada, más directa.

Su estilo excelente es de inmediato reconocible y difícil de imitar.  No es un escritor difícil al modo del Faulkner de algunas novelas o de Benet (a quien considera amigo y maestro) aunque pide atención.

Y sin embargo leído

Vistos el tema y asunto fundamental de sus novelas, en principio complejos e intelectuales y los rasgos básicos de su estilo, decididamente exigente, cabe preguntarse el porqué de su éxito, que sólo cabría esperar, según lo dicho hasta ahora, entre un público minoritario y que, en cambio, acontece entre uno sensiblemente más amplio.

El humor, bien en forma de ironía con inteligencia, bien como guasa declarada y las dosis de fantasía y misterio con que suele aderezar sus tramas, explican en buena medida cómo un escritor nada comercial por su contenido y por su forma sea tan vendido y traducido.


El personaje

También contribuye una personalidad atrayente por su independencia, elegancia y cultura, cuestiones sólo hasta cierto punto extra-literarias. La libertad de que hace gala en sus actuaciones y opiniones y la defensa acérrima de los que entiende como sus derechos le han llevado a protagonizar notorias disputas con importantes personajes de nuestro mundillo cultural (la dramática ruptura con Herralde, los juicios con Querejeta) que dan buena idea de su talante poco complaciente. Y luego esos rasgos de dandismo y caballerosidad, el aire también británico aunque no solo de su cultura, la divertida y literaria peripecia de su Reinado de Redonda, el mimoso cuidado con que edita sus libros, la pasión por la literatura que destila en sus libros (especialmente en los de no ficción), son todos rasgos que conforman una imagen pública necesariamente atractiva, cuando menos para los que comparten con él el gusto por las letras. Marías exhibe una extensa cultura. Da el tipo, también por su pose, del intelectual, pero no parece una persona libresca en el mal sentido del término: la mejor prueba es que tiene muchos y buenos amigos.

Merece la pena decir algo de Redonda. Se trata de una isla pequeña y deshabitada del Caribe. Un banquero de la vecina ínsula de Montserrat la compró y reclamó a la Reina de Inglaterra, y esta accedió, el título de Rey de Redonda que recayó en su heredero. En 1997 el tercer Rey abdicó en Javier Marías, con el compromiso de mantener viva la memoria de sus antecesores y gestionarles los derechos literarios. Cada Rey nombra su corte de nobles, los de Marías todos cineastas y escritores:  Coppola Duke of Megalópolis, Pérez-Reverte Duke of Corso, Savater Duke of Caronte, Cabrera Infante Duke of Tigre, y así hasta casi tres decenas de nobles. Tienen bandera, pasaporte, moneda oficial, un sello editorial y un premio. Se trata de un divertimento con tanto de literatura como de amistad.

Nació en Madrid en 1951, hijo del ilustre pensador y escritor Julián Marías, recibió una esmerada educación liberal en un colegio heredero de la Institución Libre de Enseñanza, se licenció Filología inglesa y ha sido por tiempos profesor universitario, en España y fuera de nuestro país. Cuarto de cinco varones (el primero muere a los tres años), fue bautizado como Xavier, no dejó el domicilio familiar hasta los 44 años, después de pasar largas temporadas fuera de España, y es soltero.

Algunas curiosidades literarias: muchos títulos de sus obras están inspirados en Shakespeare, ha usado como pseudónimos los nombre de Luisa Viella y de James Denham, su agente literaria es Mercedes Casanovas y dispone desde el 2000 de una página no oficial bien provista en internet (www.javiermarias.es). Y de otro tipo: Toca la guitarra, es zurdo, le encanta el fútbol, teme volar, no usa ordenador, es fumador y bibliófilo.

Se dan en Marías singulares e infrecuentes paradojas: vende mucho y sin embargo es un escritor nada fácil de leer; de alta calidad y sin embargo no es acogido con simpatía, ni aun pacíficamente, por el mundillo literario; es uno de los dos o tres escritores más presentes fuera de nuestras fronteras, y por tanto referencia clara de la literatura española y sin embargo aquí es considerado el más extranjero de los escritores españoles.

No es fácil de entender esto. Es un escritor a quien en 1994 se ofreció la posibilidad, que rechazó, de presentar su candidatura a la Real Academia Española de la Lengua; a quien el crítico literario más influyente de Alemania ha postulado para el Nóbel; ciertamente con una personalidad que no carece de aristas; y también difícil de calificar y clasificar, por lo que produce un desconcierto incómodo entre el mundo académico y la crítica (ni se inscribe en la vanguardia formalista de los sesenta, ni en la posmodernidad de los setenta y ochenta); pero quizás todo esto no explica suficientemente esa actitud. Quizás por que piense que con él no sucede, Marías insiste en que en un escritor han de ser juzgados sólo sus libros.

Su obra

Se pueden distinguir tres periodos en su producción:

Los primeros años: 1971-1986

Publica sus cuatro primeras novelas. La primera, “Los dominios del lobo”, con 17 años, una sorprendente opera prima llena de imaginación y aventura, muy deudora de su pasión por el cine, y ya con los gérmenes de un estilo de elevada calidad. Le siguen “Travesía del horizonte”, también divertida y paródica, y “El monarca del tiempo”, conocida como novela pero más bien conjunto de relatos independientes, más árida y menos lograda que las anteriores. “El siglo” (1983) puede decirse que es su primera gran novela, ambiciosa de planteamientos y bien lograda técnicamente. Ya del todo presentes los rasgos elementales señalados entre sus temas y estilo y donde ya aparece un elemento frecuente en sus novelas en relación al perfil y desarrollo de personajes y situaciones: el distanciamiento. Objetivismo al precio de frialdad narrativa y tono intelectual. Puede decirse que con esta novela da un paso desde la literatura de imaginación y aventura a la de pensamiento

Cuida con detalle la estructura de sus novelas, bien construidas y con detalles originales. “Travesía del horizonte”, por ejemplo, se conforma como un relato concéntrico en el que tres personajes releen y transcriben una subnovela,  vinculada de modo muy personal a uno de ellos. En “El siglo” lo que se cuenta se desarrolla a lo largo de unos 80 años, se comienza por el final y se recuerda con alternancia de capítulos en primera y tercera persona que justifican los saltos en el tiempo.

La consolidación: 1986-1994

Con “El hombre sentimental” (1986) gana el premio Herralde y se vincula a Anagrama hasta “Mañana en la batalla piensa en mí” (1994). Esta última novela, junto a “Todas las almas” (1989) y “Corazón tan blanco” (1992), donde muchos señalan su punto de inflexión hacia la maestría, constituyen su trilogía del éxito, su entrada y consagración en el reducido club de escritores realmente importantes. Son novelas varias veces premiadas dentro y fuera de España y que merecerían un comentario más extenso.

A este periodo dorado pertenecen también dos libros deliciosos: “Vidas escritas” (1992), conjunto de breves y personalísimas biografías de escritores y “Literatura y fantasma” (1993), recopilación de ensayos y conferencias sobre asunto literario. El primero ofrece perfiles inéditos para todo el que no les conozca muy a fondo: curiosidades y extravagancias, desenvolvimientos en lo prosaico, matices algunos de ellos con la potencia de definir en adelante la primera imagen que nos venga al pensar en esos escritores. Desentraña leyendas confirmándolas o destrozándolas

En “Mientras ellas duermen” (1990), libro de calidad desigual, publicó reunidos la mayor parte de los relatos que había escrito hasta entonces.

En 1996 se publica “El hombre que parecía no querer nada” una antología de toda su obra hasta entonces.

Sus personajes, por lo general, reflejan una visión del mundo superficial, utilitarista y amoral, fruto de su desorientación y desconcierto. Motivaciones egoístas y faltas de principios se concretan en actuaciones débiles ante la asechanza de la frivolidad, la ambición y la lujuria. La actitud intelectual y fría de Marías hacia sus historias también se traduce en el perfil poco humanizado de sus personajes, lo que difumina de paso sus actuaciones negativas, siempre resueltas en un tono más moderado que crudo. No hay personajes que queden para siempre memorables en el recuerdo del lector.

La madurez: desde 1995 hasta hoy

Recorre esta etapa integrado en la editorial Alfaguara quien se ocupa ya de la edición de sus nuevos títulos y de la reedición (también en bolsillo) de todos los anteriores.

Son años en los que publica poca ficción: dos novelas “Negra espalda en el tiempo” (1998) y “Tu rostro mañana” (2002) y dos libros de relatos “Cuando fui mortal” (1996) de más calidad que el anterior, y “Mala índole” (1998).

“Negra espalda en el tiempo”, esperada y desconcertante, es una falsa novela (o novela de no-ficción como la definió el propio autor), en torno a la redacción, publicación y recibimiento de “Todas las almas”. Llena de referencias y alusiones y de autocomplacencia artística y vital, expresa el entrecruzamiento en su trayectoria de vida y escritura.  Como su maestro Sterne logra una trama hecha toda ella de digresiones.

Sus relatos cortos tienen el interés y la técnica necesarios para captar y atrapar la atención pero da la impresión de desentenderse algo de las resoluciones.

Hasta   cinco libros de textos periodísticos ven la luz en estos años: “Vida del fantasma” (1995), “Mano de sombra” (1997), “Seré amado cuando falte” (1999), “Letras de fútbol” (2000) y “A veces un caballero” (2001).

Estos textos en torno a temas de carácter social, político, cultural o literario, pierden pronto actualidad aunque siempre queda el valor de documento de época. La levedad de la materia, cuya  comprensión requiere poco esfuerzo intelectual, facilita la lectura. El tono habitual es de crítica o denuncia contra los ambientes literario y político. Su agresividad antiinstitucional se extiende al mundo eclesiástico y suele exhibir su agnosticismo y prejuicios anticatólicos

Tres libros de carácter ensayístico: dos que son sendos homenajes a escritores que le importan mucho, “Si yo amaneciera otra vez. W. Faulkner. Un entusiasmo” (1997) y “Desde que te vi morir. V. Nabokov. Una superstición” (1999) y otro, “Miramientos” (1997), donde comenta fotografías de escritores de lengua castellana, originalísimo acercamiento a la comprensión del carácter de una persona.

A lo largo de su carrera ha cosechado abundantes premios, como el  Herralde con “El hombre sentimental”, el Ciudad de Barcelona con “Todas las almas”, el de la Crítica por “Corazón tan blanco” o el Fastenrath con “Mañana en la batalla piensa en mi”. Algunas de estas novelas han sido también premiadas en Francia, Alemania, Italia, Irlanda e Hispanoamérica.

Es además traductor y editor. En 1974 publica su primera traducción, un texto de Thomas Hardy. En 1978 “La vida y las opiniones del caballero Tristam Shandy” de Lawrence Sterne, con la que obtendrá al año siguiente el Premio Nacional de Traducción y que es e trabajo del que más satisfecho se siente. Le seguirán traducciones de Conrad, Dinesen, Yeats, Browne, Salinger, Nabokov, etc. En el año 2000 se publica el primer libro de su sello editorial Reino de Redonda.

Una sugerencia de lecturas: “Vidas escritas”, “Corazón tan blanco” y “Negra espalda en el tiempo” (y para su mejor comprensión  necesariamente antes, “Todas las almas”).

Un escritor mayor

“A diferencia del científico o el filosófico, el pensamiento literario se caracteriza por dos privilegios que son sólo suyos: no está sujeto a argumento ni a demostración –tal vez ni siquiera a la persuasión-, no depende de un hilo conductor razonado ni necesita mostrar cada uno de sus pasos; por consiguiente, le está permitida la contradicción”. Esta idea, recogida de uno de sus artículos, resume un rasgo clave de su poética como es su jubilosa libertad narrativa: tramas biográficas mezcladas con ficción pura, hiperrealismo combinado con fantasía, desprecio olímpico de las cortapisas de género. Quizás este sea uno de los más grandes aciertos, junto con su estilo, y que lo hacen uno de nuestros escritores mejores.

2002

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