Una aproximación a la literatura de Juan Marsé

Las cicatrices de la posguerra barcelonesa

El 29 de octubre de 2002, el alcalde de Barcelona, entregaba a Juan Marsé (Barcelona, 1933) la medalla de oro de la ciudad al mérito cultural. Desde entonces, los reconocimientos al escritor catalán se han sucedido sin interrupción, culminando con la celebración del I Simposio Internacional Juan Marsé (3-5.XI.2003), que ha destacado el vigor narrativo de su escritura, y la coherencia de toda una obra fundada en una visión de la posguerra española que aúna memoria e imaginación. Este encuentro coincide con la publicación por primera vez de sus Cuentos completos.

Hace unos días, además, se ha inaugurado una biblioteca pública con su nombre en el barrio barcelonés del Carmelo, especializada en narrativa contemporánea. En el encuentro mencionado en la Universidad de Barcelona, se ha analizado el papel jugado por los textos del escritor en la recuperación de la memoria histórica de la posguerra española y catalana, y la relación de sus originales con las respectivas versiones cinematográficas.  Profesores universitarios de varios países, críticos literarios, escritores y directores de cine han analizado sus escenarios, sus personajes y su técnica y han demostrado con palabras, imágenes y fotografías el interés que despierta su obra dentro y fuera de nuestro país.

Su territorio literario

Imaginemos a un niño pobre del barrio barcelonés del Carmelo o del Guinardó, charnego descendiente de emigrantes andaluces. No conoce a su padre (encarcelado, huído a Francia o torturado y muerto hace unos años). Íntimamente unido a su madre (que a lo mejor tiene que hacer cosas feas para traer algo a casa) y a su pandilla, con la que comparte hambre e historias, aventis, que alimentan sueños de ajustes y venganzas. Vive al otro lado de la ley desde la adolescencia, asqueado de la miseria y la resignación que ve alrededor; su juventud está llena de balas, blasfemias, amistad y, a lo mejor, de amor. Pasan los años y el cansancio va apagando los ideales y puede llegar al final de su vida con un resentimiento vacío y aburrido de odios y humillaciones. En su mundo transitan maquis, prostitutas y estraperlistas.

Imaginemos ahora a una chica que pertenece al otro lado. Su familia ganó la guerra, tiene dinero y está sólidamente relacionada con el poder y con la Iglesia católica. Sabe que existe otra Barcelona y otro modo de ver la vida, por las que puede sentir curiosidad intelectual o impulsos de caridad cristiana. Sólo el amor, por encima de la religión, la política o la clase, pero a pesar de todo imposible, puede hacer que se cruce en el camino del chico. Completan este entorno policías y ricatólicos.

Imaginemos un tiempo, la España de los 40 y un espacio, Barcelona.

He aquí un esquema del mundo que Marsé cuenta en todas sus novelas. Por su propia biografía y por sus ideas el escritor pertenece al primer mundo, pero es suficientemente inteligente para no clasificar esas dos realidades como dos bandos de buenos y de malos.

Infancia y dolores de la guerra

Ni por su propósito ni por su estilo, Marsé es encasillable en la corriente de realismo social que reúne lo mejor de su generación, aunque hay toques de costumbrismo y de crítica regeneradora. Se muestra escéptico tanto de la lucha por ideales políticos como del amor, dos causas casi siempre perecederas, y parece que reserva al sexo los únicos instantes de felicidad que todos, ricos y pobres, pueden alcanzar en esta tierra, por otro lado, la única que existe. Quizás donde raya a más altura la miseria moral de sus personajes es en su conducta sexual. No abusa de descripciones obscenas, salvo en alguna de las novelas, pero el clima general es de torpe banalización, cuando no de degradación y lujuria indisimulada.

Muchos de sus personajes se desenvuelven en un clima de asfixia y podredumbre moral del que no hay fácil salida. También se advierte cierto determinismo en el progreso de los personajes. Barrio y apellido parecen ahogar todo intento de elevación.

Para este escritor, la guerra española empezó realmente en 1939, oponiendo desde entonces un mundo de indignidad y supervivencia, el de los derrotados (lleno de miedos, denuncias, torturas, delaciones, desaparecidos, fusilados) y el de los vencedores, con sus torres lujosas, sus criados y sus Cursillos de Cristiandad. No desperdicia oportunidad para ridiculizar a la Iglesia católica.

La infancia es el lugar donde se encuentran, en él, lo escrito y lo vivido. El hecho de que algunos de sus personajes sean niños o adolescentes, y su interés por las historias románticas, dotan a muchas de sus narraciones de un contrapunto de ternura que rebaja un poco el tono predominante de crudeza y sordidez.


Diez novelas

El prestigio de Marsé en nuestro país es incuestionable, tanto entre lectores como entre profesionales de las letras. Los primeros sin duda se quedan con Ultimas tardes con Teresa y los segundos, escritores y críticos, con Si te dicen que caí. La primera, como también La oscura historia de la prima Montse, se centra en la cuestión romántica. Es una novela con un personaje (Manolo, el pijoaparte) inolvidable y con algunos momentos memorables, llena de poesía y de logradas imágenes, como son, por ejemplo, las bellísimas descripciones con que el escritor dibuja gestos femeninos.

La segunda, como ocurre en Un día volveré, gira en torno a la lucha violenta contra la opresión y el abuso fascista. Es una novela de una violencia desaforada, de complicada construcción (y, por tanto, lectura) y altamente desagradable. Las otras tres son más sencillas desde el punto de vista técnico. En Si te dicen que caí consagra su llamativo hallazgo del aventi: historias más o menos fidedignas oportunamente recompuestas por la imaginación, que se cuentan un grupo de amigos en corro. La división exacta entre ficción y realidad ni la saben ellos ni menos el lector.

Marsé es un excelente narrador, con un gran dominio de la técnica novelística y con un lenguaje de gran riqueza y expresividad, poético e imaginativo en sus imágenes y con excelente oído para los diálogos, plenos de fuerza y realismo y muy fieles al habla coloquial (cuando el personaje así lo requiere). Neologismos y vulgaridades arrabaleras se alternan con insólitos adjetivos. Detrás de sus novelas se adivina una arquitectura bien pensada y planificada. No le interesa completar del todo el puzzle y siempre quedan al final algunos interrogantes. En su modo de contar son frecuentes las elipsis: muchas cosas que pasan o han pasado el lector las sabe, o las intuye, por sus contextos  o por sus consecuencias.

Juan Marsé piensa que el auténtico arte de novelar hace olvidar que se emplean palabras; transmite vida y verdad, no forma. De ahí su esfuerzo por lograr una prosa transparente. En alguna ocasión ha explicado que se trata de tener una historia que contar (interesante, revulsiva y divertida), saber contarla (de un modo interesante, revulsivo y divertido) y, lo más importante, tener ganas de  hacerlo. Consecuentemente, se trata de atrapar al lector por lo que se está contando, y que no se pare a pensar en cómo se le está contando. No por tanto a la prosa-sonajero y no, también, a la novela de ideas:  el talento del novelista debe estar implícito en la obra, que debe deslumbrar no por las ideas ni por la lengua sino por la capacidad de fascinar y atrapar al lector con una buena historia.

En casi medio siglo, Juan Marsé (Barcelona, 1933) sólo ha publicado 10 novelas, una novela corta y un libro de relatos, casi todas con premios de editoriales (Biblioteca Breve, Planeta, Ateneo de Sevilla), de críticos (Premio de la Crítica 1994 y 2001) o institucionales (Nacional de Literatura 2001). En 1997 obtuvo el importante Premio Juan Rulfo al conjunto de su obra, que es en Hispanoamérica algo así como el Cervantes en España. Muchos de sus libros han sido adaptados al cine.


Doble Premio de la Crítica

En 1998 se decidió que este galardón podía volver a recaer en un autor que lo hubiera merecido antes. Marsé lo ha conquistado con sus dos últimas novelas. El embrujo de Shanghai supuso un reencuentro esperado con sus seguidores. En los diez años que mediaban desde Un día volveré había publicado una excelente y dura novela corta (Ronda del Guinardó), un conjunto de relatos (Teniente Bravo) y la novela con que ganó el Ateneo de Sevilla (El amante bilingüe), con una calidad por debajo de la de anteriores novelas.

La mirada del niño protagonista, Daniel, sirve en esta ocasión a Marsé para transmitir su desencanto político. Shanghai es el escenario de los sueños, de los héroes, donde sólo la imaginación es capaz de trascender la realidad de la derrota. La mirada infantil de narrador, la oposición de escenarios y un depurado estilo, la convierten en una de sus mejores novelas, a lo que contribuye que rebaja el recurso a la truculencia violenta y sexual de anteriores trabajos. Esta novela ha sido llevada al cine por Fernando Trueba en 2002.

Seis años después publica Rabos de lagartija donde estrena una atrevida apuesta: la mirada del narrador es la de un feto que cuenta la historia desde el seno materno. Otra historia desesperada y triste de perdedores, perseguidos y cínicos que relata, de nuevo, las huellas de la miseria en un niño, en este caso, en el hermano del narrador. Sólo la madurez técnica del escritor permite que sus lectores lean una y otra vez el mismo libro con sorpresa y admiración. El erotismo, sin detalles, vuelve a hacer presencia como un fuerza latente e imparable. Con esta novela obtuvo, además del de la Crítica, el Premio Nacional de Narrativa en su edición del 2001.

Cuentos completos

Enrique Turpin ha llevado a cabo un trabajo de documentación exhaustiva para reunir en un único libro todos los cuentos de Marsé desde 1957. Algunos de ellos han sido rescatados de publicaciones como ‘Triunfo’, ‘Ínsula’ o ‘La Vanguardia’. El libro incluye un ‘Apéndice’ con textos misceláneos, algunas ideas para futuras historias, un análisis detallado de la vida y la obra del autor y un atractivo taller de lectura Los argumentos de sus cuentos, como los de sus novelas, recogen elementos de literatura social, el ambiente de Barcelona de posguerra y la interrelación entre personas de distintas capas sociales. Estos relatos se alimentan del mismo mundo de sus novelas pero no alcanzan la misma plenitud literaria y técnica.

Hemingway hablaba del método Iceberg (“una parte en la superficie y cinco bajo el agua”) para destacar la importancia en literatura del detalle significativo que esconde mucho más de lo que muestra. Eso ocurre en las novelas y cuentos de Marsé, llenos por un lado de elipsis y aparentes interrogantes pero llenos también, sobre todo, de los sueños con que la España doliente de posguerra se defendía de la triste realidad: esa quinta parte que mostraba el presente.

Noviembre 2003

(1) Cuentos Completos, Juan Marsé, Edición de Enrique Turpin con apéndice didáctico. Espasa Calpe, Madrid 2003. 338 págs, 10 euros.

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